En una entrevista concedida al periodista Federico Bernal, de Tiempo Argentino, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, habló del plan Conectar Igualdad, de la articulación de la tecnología con la escuela y del lugar que ocupa en las políticas públicas.
El texto completo de la nota es:
¿Cuál es el impacto del Programa Conectar Igualdad?
–El año pasado realizamos una inportante investigación, hecha con once universidades, que arrojó infinidad de datos. Entre sus resultados más sobresalientes: primero, la gran mayoría de los docentes le da la bienvenida a la herramienta y muchos también –y esa es una obligación del Estado– nos piden que los ayudemos. ¿Por qué? ¡Porque a veces los pibes saben más de informática! Entregamos 1,8 millones de netbooks. Es muy importante la conectividad y por ende la posibilidad conectarse a Internet, pero en todas estas escuelas hay un muy buen servicio de Intranet. Incluso mucho mejor porque distrae menos.
Además, cada netbook viene con su programa…
–Hemos capacitado a miles de docentes. Una capacitación para cada una de las asignaturas. Incluso, capacitamos a las familias. Los testimonios: Conectar Igualdad mejora la disciplina, mejora el clima escolar, cambiaron para mejor los recreos. Pero hay dos o tres fundamentales para mí: llegan a todos los chicos de la secundaria, llegan a chicos con discapacidades: sordos, ciegos, discapacitados motores; llegan a los jóvenes que están estudiando para ser maestros o profesores. Porque no sólo capacitamos a los que hoy son profesores, sino también al que está estudiando para ser maestro o profesor. Y un dato clave: la recuperación de la escuela pública. El pibe que recibe la computadora es llamado con nombre y apellido. Luego, su papá o mamá tiene que hacerse responsable. El pibe ve que el Estado también está ahí para él. Esto es muy impresionante en términos del derecho, de la recuperación de los derechos.
Se recupera el rol del Estado…
–Exacto. Es la reconstrucción de la confianza en el Estado. Además, los que aún no la tienen ven que un primo, un amigo ya la tiene. Y ahí la generación de la confianza se hace indestructible porque sucede.
Ahí está la anécdota del chico de Misiones, ¿no?
–En Aristóbulo del Valle, a 150 kilómetros de Posadas, en un lugar pobre, bello porque Misiones es una provincia llena de verde, pero un lugar pobre. En un acto rodeado de caciques, un pibe guaraní recibió su computadora y agradeció al gobernador. Luego vino hacia mí y me dijo: “Yo quiero decir que estas computadoras nos las merecemos.” Tenía 15 o 16 años. Algo inverso pasó en Virrey del Pino, partido de la Matanza. Unos chicos me dijeron que ellos no recibirían la computadora porque ellos son el fondo de la Matanza. Estaban resignados. Yo les expliqué que la iban a recibir sí o sí pero que tuvieran paciencia. Les expliqué que aún falta entregar 1,8 millones más. Dos meses después de mi encuentro con ellos las recibieron. Y esto me llevó a una reflexión: la exclusión constante que sufrió el país condujo a la resignación. Pero esto está terminando. ¡Ojo, venimos de 500 años de explotación!
Conectar Igualdad
¿Cuál fue el rol de la Presidenta en el Programa Conectar Igualdad?
–Nosotros arrancamos con 250 mil net-books en las escuelas técnicas. Aspirábamos al ciclo superior de las escuelas técnicas, esperado que ese número pudiera multiplicarse por dos y llegar al resto de los chicos de los últimos años de la escuela. Algo así fuimos a ofrecerle a la presidenta. Cuando la vimos, ella nos dijo: “Dejámelo pensar.” El “dejámelo pensar” no fueron 250 mil ni 500 mil; fueron 3,6 millones. Ella es la profundización de lo que uno piensa. Y después siguió: ¿Por qué no a los discapacitados? ¿Por qué no a los chicos que estudian? El nombre del programa fue suyo también. Enlazó la tecnología con la justicia y la igualdad. Incluso ella sigue la realización del programa, con interés y monitoreo. Es que el programa, además del compromiso de la presidenta, es una muy buena experiencia de trabajo interministerial: Educación, Jefatura de Gabinete, Planificación Federal y, por supuesto, la ANSES, que está haciendo un muy buen trabajo.
¿Y hubo robo de netbooks?
–Más que robo, hurto. Ningún robo con violencia. ¿Cuántos? Un poquito más de 1000 denunciados sobre 1,8 millones. Es decir, el 0,007 por ciento. El miedo que tenían los papás se ha disipado. En esto ha sido muy importante que todas las computadoras son iguales. Quiero decir, no hay un criterio clasificatorio.
En el marco de los objetivos de Conectar Igualdad, usted mencionó la meta de un ingeniero cada 4000 habitantes.
–Eso es posible. Cuando asumimos la gestión en 2003, teníamos un ingeniero cada 8000 habitantes. Cuando uno tiene un proyecto político que prioriza la producción, el trabajo, la industrialización nacional; cuando tenemos más del 80% de la capacidad industrial instalada en funcionamiento; cuando en los últimos ocho años se crearon algo así como 140 mil pymes, cuando se verifica todo esto entonces se torna imperioso disponer de una escuela técnica muy ágil, muy potente. Se hace imprescindible también tener una universidad que incentive carreras científico-tecnológicas. Las Bicentenario son becas para incentivar las vocaciones científico-tecnológicas, de biología, matemáticas, informática, ingenierías, etcétera. De esas 40 mil becas, 10 mil son para ingenieros. Pero la Presidenta quiere ir más allá. De un ingeniero cada 8000 habitantes, hoy estamos en un ingeniero cada 6700 habitantes. Mejoramos todos los egresos; invertimos 500 millones de pesos en las carreras de Ingeniería de buena parte de las universidades del país. ¿Podemos llegar a un ingeniero cada 4000 habitantes como pidió la Presidenta? Ese es el desafío para los próximos años.
Imagino que el boom industrial, científico y tecnológico debe complicar, paradójicamente, el logro de ese objetivo, ¿no?
–Te doy un dato: tenemos 26 mil estudiantes de Ingeniería que tienen entre el 75 y el 80% de la carrera terminada, pero que no la están pudiendo terminar porque rápidamente el mercado los invita a trabajar. Hay mucha demanda laboral y se van. Es decir, para el segundo y/o tercer año de la carrera ya están trabajando. Los estudiantes de informática tienen ofertas de trabajo buenísimas. Por ejemplo, estando en segundo año se van a trabajar por 10 mil pesos mensuales. Nosotros tenemos una buena beca, la Bicentenario: primero y segundo año, 500 pesos por mes; tercero y cuarto año, 800 pesos por mes; quinto año de carrera, 1200 pesos por mes. No es una mala beca pero, frente a esas ofertas del mercado, ¿cómo competimos? De todas maneras estamos trabajando en el diseño de una política dirigida a este asunto. Quizás con las empresas mismas, individualizando esos 26 mil. Porque ellos en realidad van a trabajar de técnicos, no de ingenieros. Ahí es donde necesitamos que los técnicos vengan de manera creciente del nivel secundario, reservando a los estudiantes de Ingeniería la concreción de su carrera. Confío que en los próximos diez años vamos a llegar al gran desafío de un ingeniero cada 4000 habitantes.
Medios
El espíritu federal o revolucionario del programa Argentina Conectada recuerda la Ley de Medios…
–Gabriel (Mariotto) siempre lo cuenta. Nosotros fuimos unos de los primeros en juntarnos con él cuando se empezó a discutir el tema. Nos juntamos y le dijimos “queremos participar en la discusión”. Entonces promovimos la discusión de la ley en las escuelas. Formamos parte de una política de comunicación, de acceso a los derechos a las nuevas tecnologías. La Ley de Medios, que es la recuperación de la soberanía de la información, de la distribución de los conocimientos. La política de TICs, la conectividad en las escuelas, la dotación de antenas en miles de escuelas rurales (quisiéramos terminar el año con 12 mil escuelas con antenas), etcétera. Entonces viene la Ley de Medios y cierra todo el proceso: los pibes pueden ver nuestros canales; pueden ver las señales de Encuentro, Paka Paka. Y ver Paka Paka es ver paisajes argentinos; ver Paka Paka es ver pibes que hablan en argentino, pibes morochos, rubios, etcétera. En definitiva, ver a nuestros hijos, a nuestros nietos, tus sobrinos, tus hijos. Yo lo digo en tono irónico pero no deja de ser verdad: los chicos no dicen “pastel” o “aparcar”. Ahora hablan en castellano, dicen: “torta” y “estacionar”. Y ya que me meto en el tema de la TV, es oportuno señalar que si un pibe va todos los días a clase en la Argentina, tiene en frente a sus maestros entre 730-740 horas de clase, en la primaria. Contra esto, ese mismo pibe ve un promedio de 1000 horas de tele. Por ahí hay que apagarla un poco.
A dos años de la implementación la Asignación Universal por Hijo, ¿qué es lo que más le ha sorprendido?
–Uno de los mayores impactos es la incorporación de 130 mil nuevos chicos a la escuela. Lo más sorprendente y emocionante es ver cómo ha mejorado la vida de las familias. Hemos recopilado información en base a entrevistas y testimonios a alumnos, padres y docentes a lo largo y ancho de todo el país. Un papá del monte dijo: “El patrón paga a veces, a veces no paga, pero la Asignación Universal está todos los meses.” Algunas directoras señalaron: “Por la Asignación tenemos los papás más cerca de la escuela, pueden pagar la cooperadora, tienen un poco más de tiempo para mirar las cosas de sus hijos, que a su vez vienen con más útiles.” Una mamá que dice: “Para mí, la Asignación es sagrada; todo lo que viene de ella va a parar a la educación de mi hijo.” Otra dice: “Le hemos podido comprar una mochila y llenarla de útiles como hacía mucho no podíamos. Uno de los primeros elementos que desapareció en la escuela fueron los útiles de plástica, de dibujo porque son los más caros. Ahora han vuelto.” Otra mamá dice: “Yo necesito arreglar las chapas porque en invierno hace frío.” ¿Y sabés qué? Ese también es un destino educativo. Otra mamá: “¡Mis chicos están tan contentos! Hay una que duerme abrazada a la mochila.” Muchas familias dijeron: “Por la Asignación Universal pudimos ir a Tecnópolis; pudimos festejar el Bicentenario.” Una maestra dijo: “Los chicos tienen algunas exigencias en el comedor. Empiezan a decir ‘los días que hay guiso no me gustan tanto; los días que hay milanesa, nos gustan más’.” En fin, cosas muy impactantes. El destino de la escuela siempre se jugó en el aula porque es la única institución de la sociedad que tiene la obligación de enseñar. Pero durante un tiempo, el corazón de la escuela se trasladó del aula al comedor. Hoy, lentamente, el corazón de la escuela vuelve a ser el aula. Asignación Universal, 5 millones de puestos de trabajo… felizmente en verano la cantidad de chicos que comen en la escuela desciende. Quiero suponer –y esto realmente debe estar pasando– que se ha reconstruido la mesa en la casa, la mesa de la noche. Hechos muy impactantes, constructores del verdadero lazo social, que reconstruyen como sociedad.
¿Existe una revolución educativa en la Argentina?
–Estamos viviendo un hito, un momento donde claramente la educación se puso en el centro de las políticas públicas. Evidentemente es un cambio absolutamente revolucionario en términos de lo que se venía haciendo en materia educativa. Esto no quita –y estas son palabras de Néstor Kirchner y de la Presidenta– que no tengamos muchos desafíos por delante. Además, creo que lo hecho aquí es parte de las revoluciones que se dan en otros aspectos de la vida social y política: 5 millones de puestos de trabajo, Asignación Universal por Hijo, etcétera. En fin, una serie de medidas que en conjunto permiten advertir una situación absolutamente nueva.
De las 24 jurisdicciones a nivel nacional, ¿con cuál encuentra mayor diferencia de criterios?
–Estamos lejos de la filosofía de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero a la vez no podemos estar lejos de su ministro porque nosotros tenemos un Consejo Federal que funciona en las 24 jurisdicciones. En eso hacemos un esfuerzo. Más allá de las diferencias filosóficas y políticas, tratamos de trabajar con todo y así lo hacemos porque no podría haber un libro que no llegue o una netbook que no llegue o un ladrillo que no se construya para un pibe porteño. Obrar así sería una canallada y eso no lo hacemos.