27.08.2014 20:48 (GMT -3)

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Informe especial

Ciencia - 15 de enero

"El Estado interviene como gestor de tecnología"

El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, afirmó a una revista de negocios sentirse imbuido de la misión de infiltrar valor agregado en todos los vericuetos económicos y sociales y de que se generen innovaciones tecnológicas y científicas hechas made in casa.

En la edición de enero de la revista Mercado, el titular de la cartera científica, Lino Barañao, desgrana ante la comunidad de negocios los alcances de la política que ejecuta el gobierno nacional para articular la ciencia y la tecnología en la innovación productiva que agrega el valor del conocimiento a la economía.

El texto completo del artículo es el siguiente:

El despacho de Lino Barañao es una especie de loft que congrega entre las mismas cuatro paredes un rincón con sillones para recibir visitas, una sala de reuniones, otra de conferencias y su escritorio con la PC sobresaliendo de la papelería.

Por esa escenografía modular desfila un virtual popurrí multirrubro, que salta del aséptico laboratorio a la chimenea humeante de la fábrica, pasa por claustros académicos, talleres técnicos, satélites, animales clonados, incubadoras y tubos de ensayo. Y así es el propio dueño de casa.

Ayer, su diploma de doctor albergaba previas incursiones por la geología, física, matemática, biología y anatomía, antes de consumarse en química.

Hoy, su saco y corbata de hombre de gestión alterna con la chomba informal del investigador mientras trata con colegas ministros, embajadores, gobernadores, intendentes, hombres de negocios, directores de institutos.

Serpiente del horóscopo chino, vivió tres años en Alemania y Estados Unidos antes de instalar en el país un laboratorio propio de biotecnología, en el que reproducía terneros por fecundación in vitro, y de sobresalir en la Universidad de Ciencias Exactas de la UBA, en el Conicet y en la Secretaría de Ciencia y Tecnología.

La cartera de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva nació en 2007 apoyada sobre tres patas: nanotecnología, biotecnología y técnicas de la información. Y en cuatro años triplicó su presupuesto que, con algo más de $ 3.200 millones anuales, alcanzó ya medio punto del total proyectado para la administración nacional en su conjunto.

Barañao se define a sí mismo como un disperso, pero hace la salvedad de que ello le juega ahora a favor porque le posibilita “establecer vinculaciones horizontales para aportar ciencia y tecnología a las otras áreas del gobierno e insertarlas como un componente de todas las actividades del país, porque tiene que ver con la salud, el desarrollo industrial (la economía, en suma), las relaciones exteriores”.

- ¿Llegó el turno de la innovación productiva en este segundo mandato?

-Ya venimos aplicando políticas activas de promoción, de desarrollo de inversiones, con contratos, con financiamiento subsidiado de las actividades en el país. Nunca se había invertido tanto en proyectos tan concretos y en los que se da una asociación entre el sector académico y el productivo. En los próximos tres o cuatro años, que es el período de ejecución de los contratos, iremos precisando los puntos como sociedad.

Emprendimientos

- ¿Cómo cuáles?

- Estuve en Posadas donde hay una biofábrica que produce variedades vegetales por micropropagación y, entre mate y mate en la gobernación, estuvimos viendo qué hacer en el polo que se ha formado, lo mismo que hay en Santa Fe, o en Bahía Blanca con la petroquímica. Y ahora se sumó uno de electrónica también único en su tipo. La idea es que cada región se vaya diferenciando y encontrando un perfil propio.  
Un poco lo que ocurrió en Italia, cuando se definieron regiones industriales: de algún modo fueron licitadas, por así decirlo, por el gobierno nacional, y cada una ganó un área de competencia”, enumera.

- ¿Adoptó la especialización regional como modelo?

-Sí porque nos permite contar, además, con formación de recursos humanos que van a trabajar ahí. Lo que no puede haber es una disociación entre la formación universitaria en el lugar y las actividades productivas.  Porque cuando es así la gente se forma y migra, con lo cual se defrauda no sólo al grupo familiar, porque el hijo se va, sino al productor local, porque no tiene el asesoramiento profesional que necesita para seguir sosteniendo su empresa. Tenemos que lograr una congruencia entre los planes de estudio de las carreras dictadas en universidades insertas en la realidad local y el sector productivo predominante en esa región.

- ¿Los proyectos de base tecnológica salen únicamente de la órbita del Ministerio o reciben demandas puntuales?

-Tenemos una Secretaría que se ocupa de la planificación y que detecta las oportunidades, hace los estudios  de factibilidad correspondientes, y si es un área la que se determina se hacen concursos nacionales para cubrir las vacantes y se da financiamiento.
El Ministerio está trabajando directamente con las provincias, a través del Consejo Federal, y muchas de esas iniciativas, que ya analizamos, tendrán que implementarse con municipios particulares, pero hay que empezar con una etapa piloto y, por lo tanto, vamos a ser muy cautos y cuidadosos en la selección de los proyectos.
Probablemente en una etapa siguiente tengamos una acción más directa, gestionando algunos de estos proyectos en las distintas localidades para aprender en la práctica de qué manera se usan mejor los recursos humanos y naturales que tenga la región. Esto es algo que exige una tarea de coordinación con las otras instituciones que tienen presencia regional, como el INTA y el INTI.

- ¿Hay más innovación en carpeta?

-En paralelo viene la innovación inclusiva. Se trata de llevar la ciencia a sectores que estuvieron históricamente relegados. Y así como articulamos sector público con privado en los emprendimientos productivos, para lograr un desarrollo regional y crear trabajos de calidad en zonas donde no hay actividad productiva consolidada, el Estado no puede ser un mero proveedor de tecnología, sino que tiene que intervenir como gestor organizando redes de microemprendimientos, promoviendo una empresa integradora que le da economía de escala y normas de calidad a esas producciones. Que permita exportar y garantizar de esa forma que sean sostenibles.

Investigación y desarrollo

- ¿Se pensó en aplicar un impuesto a la investigación y desarrollo que traen las multinacionales para financiar los talentos locales?

-Lo que queremos es instalar al país en el plano internacional como lugar en que las empresas multinacionales vengan a hacer investigación y desarrollo. Que vean que se pueden hacer desarrollos tecnológicos en forma competitiva, no sólo a menor costo laboral, porque esa podría ser una ventaja transitoria, sino haciendo uso de la mayor creatividad que tiene especialmente el argentino, que se destaca internacionalmente por su inventiva, por su capacidad para encontrar soluciones alternativas.

- ¿Y cómo está resultando?

-Tenemos empresas de electrónica que hacen acá investigación y desarrollo, empresas farmacéuticas multinacionales que ya están financiando proyectos de investigación en el país, y en la medida en que esto se conozca a escala internacional, podremos aspirar a ser un lugar de innovación. Queremos ser vistos como un país en el que se innova.

Doctores e ingenieros

- ¿Es un prejuicio creer que ser científico significa no tener en cuenta la rentabilidad?

- Hasta ahora,  sólo logramos hacer que algunas empresas incorporen unos 6 o 7 egresados de doctorados. En realidad, un doctor está entrenado para obtener por sí mismo información y procesarla para resolver problemas, que no es algo que enseñe una carrera universitaria de grado, donde generalmente se manejan conceptos básicos  y se le inyectan al individuo una cantidad de conocimientos más bien enciclopédicos.
Esta habilidad debería ser útil para cualquier empresa, pero es cierto: no existe aún el concepto de que un doctor pueda integrarse en lo meramente productivo, se piensa que está “condenado”, por así decirlo, a una actividad académica. Cambiar esto va a llevar tiempo. Habrá que mostrar casos de éxito y para esto la publicidad es importante.

- ¿Que los graduados de esas carreras científicas aún sean considerados “académicos” o “aburridos”, no juega en contra del impulso que el gobierno está dando en las secundarias para que las elijan?

- Como el Estado termina siendo el que financia la universidad pública, tiene la obligación de establecer ciertas pautas para hacer que el graduado cumpla un rol social, más allá de satisfacer su interés personal. Ya que no se fijan cupos, porque no es nuestra política, al menos debemos orientar la matrícula a través de una adecuada publicidad hacia las carreras que consideramos tienen mayor porvenir.
Y mostrar, además, que el científico no es un individuo inadaptado que se pasa la vida en un laboratorio, sino alguien que disfruta plenamente de lo que hace. Lo que pasa es que generalmente se ha difundido el resultado de la actividad científica y no la actividad.

- ¿Y sólo con comunicación piensa que se puede revertir semejante estigma?

- Cuando se difunde la ciencia se transmite un conocimiento. Y a partir de ver eso, que una persona común sepa algo que antes no sabía le permite disfrutarlo sin que le cambie la vida. Si uno quiere cambiar la vida del otro y hacer que haga algo, tiene que tener una política distinta de comunicación, menos pasiva, y más de interactuar. Soy un convencido de que tenemos que tener, con los medios actuales, un uso como tenían los griegos del teatro: transmitían valores morales, hacían conocer su historia, daban la identidad nacional a partir de la escena, que era lo que veía la gente. No estamos usando adecuadamente este enorme poder que tienen los medios de promover vocaciones, cambios de visión. Estamos bombardeados por una cantidad de arquetipos, de modelos, que no estamos filtrando, y que por lo tanto tampoco tienen un resultado neto, ni sabemos si es deseable o no la consecuencia de todo eso.

- ¿Cómo piensan llevar estas ideas a la práctica?

-Estamos desarrollando una serie de programas de televisión, algunos de los cuales ya se pudieron ver en Tecnópolis TV desde el 6 de octubre, a través de un espacio que nos ha dado la televisión digital terrestre y del sitio web de nuestro Ministerio. Intentamos llegar con promociones en un formato, que no existe todavía, dirigido especialmente a los jóvenes, en cortos, microprogramas. Vamos a salir con un lenguaje que tiene que ver más con la publicidad que con la difusión de la ciencia. Si el chico percibe que no puede acceder, no va a tomar la decisión de seguir una carrera científica. Va a ser un mero espectador del cambio tecnológico.

- ¿Integra esta estrategia el uso de un “numerador” para los científicos repatriados?

- La gente ve como muy positivo el regreso de investigadores al país, lo mismo que el hecho de que aparezcan cada vez más noticias mostrando logros argentinos en todas las áreas de conocimiento. Desde el desarrollo de farmacéuticos hasta la participación en el experimento de la “Máquina de Dios” en Ginebra, pasando por aportes a la biología molecular, a las ciencias médicas en general, historia, todas las áreas han visto un florecimiento significativo en estos cuatro años. Se ha afianzado un rumbo muy claro que no tenía la ciencia argentina en mucho tiempo.

- El de César Milstein sería un caso paradigmático. Ganó un premio Nóbel viviendo fuera de la Argentina gracias a una disciplina árida para la gente. Pero igual ocupa un podio de argentinos ilustres junto a un intelectual como Borges o un deportista como Maradona. ¿Cómo se explica?

- Recientemente, gracias a un documental llamado “El Fueguito” realizado por su sobrina con apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, se lo conoció en las escuelas de todo el país como un personaje divertido, amante del turismo de aventura, lo cual relegó la imagen de aquel individuo serio que descubre en un laboratorio los anticuerpos monoclonados y se hace acreedor del reconocimiento internacional.
¿A qué chico le interesaba en aquel formato tan solemne?

Emblemática arquitectura del polo tecnológico

“Cuando uno ve lo que ha quedado de las grandes civilizaciones o de los períodos históricos en cualquier país, hay algunos edificios que son emblemáticos. En Europa se pueden reconocer edificios de cada una de las épocas o de los momentos de cambios históricos. En Argentina, obviamente, nuestra historia es más reciente. Pero creo que el edificio del polo va a ser un emblema arquitectónico de un cambio institucional que se dio en el país”, comenta el ministro”.

Explica que “no sólo funcionará ahí el Ministerio, sino que implementará un ámbito de investigación interdisciplinaria internacional con los institutos que están ahí, como el Instituto de Biomedicina de Max Planck de Alemania, el de diseño con Italia, el modelado y de supercómputos con Francia, e investigadores de distintos países trabajando en el mismo ámbito y discutiendo problemas desde distintos puntos de vista”.

Y que en la segunda etapa, “además del edificio para el instituto del Conicet habrá un museo interactivo de ciencias, el auditorio, todos funcionando por sección de apertura hacia la comunidad que tampoco existía”.

Fotos

Barañao entrevistado por Mercado
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