El subsecretario de Obras Públicas de la Nación, Abel Fatala, afirma que la Ciudad de Buenos Aires se seguirá inundando y cada vez con más frecuencia porque falta encarar la limpieza total de los más de 35 mil sumideros. Propone un sistema de alerta temprana ciudadana y concretar rellenos costeros.
Abel Fatala, subsecretario de Obras Públicas, propuso encarar a corto plazo el problema de las inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires mediante “una limpieza total de los más de 35 mil sumideros de la Ciudad, un sistema de alerta temprana con participación ciudadana y un urgente saneamiento de las desembocaduras de ríos y arroyos –Ugarteche, Maldonado, Vega, Medrano y Ragio–, sobre todo en lo que respecta a rellenos costeros, algo que debe hacerse cada dos años y no se cumple desde 2006”.
El funcionario del Ministerio de Planeamiento se remitió a la lluvia registrada en febrero de 2010, que puso de manifiesto que “la inundación que sufrimos los porteños en dos oportunidades, en menos de dos semanas, fue un problema de falta de mantenimiento de los pluviales que tiene a su cargo el gobierno de la Ciudad. Esa realidad, lamentablemente, aún persiste”.
Recordó que con lluvias más extremas como las de 2001 no se registraron esas consecuencias.
Explicó que la razón de fondo es que “la inundación no figura en la agenda del jefe de gobierno a la hora de pensar un plan hídrico y de planeamiento urbano, sino que más bien, la situación tiende a profundizarse, y sólo se adoptan medidas superficiales, mientras se siguen quitando espacios absorbentes, se repavimenta sin prever las consecuencias y se construyen torres en zonas de riesgo”.
Criticó la concientización que se busca en la ciudadanía es a través de mensajes simplistas y lineales, como “no sacar la basura fuera de horario”. No está mal, pero no supone afrontar el problema de manera estructural.
Un año después de las inundaciones que afectaron a miles de porteños, el diagnóstico ofrecido por los especialistas es la misma: Buenos Aires es inundable y lo seguirá siendo, con el agravante de que entre la última y la más reciente transcurrieron sólo 9 años, cuando el promedio histórico era de 15, lo cual se atribuye a una mayor dinámica de las migraciones urbanas sin que se planifiquen estructuralmente.
Los edificios de altura que se fueron levantando implican excavaciones de 40 metros y el reasfaltado de calles subió el nivel de la acera en relación con la vereda, todo lo que modifica el funcionamiento del subsuelo de la Ciudad.
En tal sentido, se denuncian intereses que interfieren con el Plan Hidráulico del gobierno porteño, que cuenta con un préstamo del Banco Mundial de más de 130 millones de dólares.
El Código de Planeamiento, la ubicación de cocheras subterráneas, los puentes peatonales en la avenida Juan B. Justo, desagües fluviales secundarios,