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Informe especial

Educación - 24 de Octubre
Educación Rural

El desafío de hacer escuela más allá de las aulas

Los establecimientos del ámbito rural representan cerca del 39% del sistema educativo argentino. La característica que los une es el compromiso que tienen con la comunidad. Algunos llegan en lancha, otros caminan muchos kilómetros, y están también los que viajan en lomo de burro.
Los alumnos de todas las escuelas rurales tienen en común el sacrificio que hacen para llegar cada día a sus aulas, pero también comparten el vínculo especial que construyen con sus docentes y compañeros en medio de paisajes de postal.

En la Argentina hay 14.802 escuelas rurales, que incluyen los niveles Inicial, Primario y Secundario, cifra que representa cerca del 39% de los establecimientos educativos a nivel nacional.

Suman en total una matrícula de 908.093 alumnos, para los que hay asignados 73.448 cargos docentes.

Desde el Ministerio de Educación de la Nación se desarrollan distintas acciones destinadas a las escuelas rurales, pero fue recién con la promulgación de la Ley de Educación Nacional (N° 26.206) que la Educación Rural empezó a ser concebida como una de las modalidades del sistema educativo.

Esto permitió al área definir sus políticas en articulación con cada uno de los niveles y con el Instituto Nacional de Formación Docente.

“Esta equiparación en tanto modalidad es clave porque implica el reconocimiento de que las escuelas rurales y sus alumnos tienen derecho a las mismas políticas que alcanzan al resto del sistema educativo. A la vez que es necesario contemplar el contexto -como el tipo de tareas de las comunidades a las que pertenecen las escuelas, la densidad de población y características productivas de la zona, para garantizar una escuela inclusiva y de calidad para todos nuestros niños, niñas y jóvenes”, destacó el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni.

El ministro detalló que “los diseños curriculares, la cantidad de años de cursada y la obligatoriedad de los niveles, son en las escuelas rurales los mismos que los de todo el sistema educativo. En cambio, los regímenes de asistencia, los calendarios escolares, y la organización de las escuelas, son algunas de las cosas que se adaptan”.

Otra forma de organizarse

Dentro de esas particularidades, la más conocida es la que tiene que ver con la organización de las escuelas y se denomina plurigrado, para primaria, y pluriaño, para secundaria.

“El plurigrado es un modelo organizacional que se pensó para que la escuela esté presente aún en las comunidades más aisladas, con una cantidad tan reducida de alumnos que no alcanza para conformar un grado por año como en las escuelas urbanas. Hay pocos chicos de la misma edad, por lo tanto, se organizan escuelas con menos maestros, menos secciones, y en cada una de ellas trabajan, al mismo tiempo y en la misma aula, alumnos matriculados en distintos años. Esto es lo que se llama, para la escuela primaria, escuelas con modalidad plurigrado”, detalló la coordinadora de la modalidad de Educación Rural del Ministerio de Educación de la Nación, Olga Zattera.

Si bien es una desafío trabajar con chicos de edades distintas, los propios docentes dicen que se puede y los resultados lo confirman.

“Muchos se preguntan cómo hacemos para enseñar a un nene de jardín que está con otro de tercer grado, y en realidad se integra. Es común que un niñito de jardín te sorprenda porque lee como uno de primer grado”, aseguró Sandra González, directora de una de las escuelas rurales de la provincia de Córdoba.

En principio, “esta forma plural de organizar la actividad escolar funcionó sólo para el nivel primario, único obligatorio”, precisó Zattera.

Y explicó que “cuando la nueva Ley de Educación Nacional extendió la obligatoriedad a la secundaria y expresó la decisión política de que la escuela tiene que estar cerca del lugar donde viven los alumnos, se amplió este modelo de organización de grupos de alumnos matriculados en distintos años al nivel Medio, entonces se constituyeron los pluriaños, y las plurisalas, en el caso del nivel Inicial”.

No obstante, los contenidos que se trabajan en las escuelas rurales responden a los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP) y a los marcos de referencia que el Ministerio de Educación plantea desde las áreas curriculares a nivel nacional y a los acuerdo establecidos con cada provincia.

“Lo que cambia en las escuelas rurales es el desarrollo de esos contenidos, la forma en que éstos toman cuerpo en la situación de aula. El punto de partida, la entrada a los contenidos tiene que estar adecuada al contexto rural, pero en pos del conocimiento de lo local no se debe privar a los alumnos del conocimiento universal”, advirtió Zattera.

Plural y particular

Trabajar con chicos de edades distintas, y por ende de grados o años diferentes, exige una relación de uno a uno entre docente y alumno. El desafío para los maestros rurales es atender esa particularidad sin sacrificar la riqueza que tiene en cualquier aula el trabajo en grupo.

Por eso, la estrategia en las escuelas rurales es partir siempre de una consigna común.

“Entonces, el maestro plantea a todos trabajar con situaciones problemáticas de matemática, e indica que van a tener que leer, analizar. Luego diferencia la situación que le da a cada alumno, remitiéndose a contenidos distintos: suma de números naturales para el primer ciclo y operaciones con fracciones para el segundo ciclo de primaria”, ejemplificó Zattera.

“Otra alternativa -agregó- es pensar en un recurso o una estrategia equivalente. Por ejemplo, salir con el grupo de 10 o 12 alumnos a hacer una visita de campo. Todos comparten la consigna de observación, pero los más chiquitos dibujarán lo que ven, los más grandes tomarán nota y algunos hasta recogerán algunos elementos para luego observar en la clase”.

Para llevar adelante esa estrategia de enseñanza que combina propuestas generales con contenidos particulares, los docentes tienen que estar capacitados.

Por eso, el Área de Educación Rural y el Instituto Nacional de Formación Docente desarrollaron el primer Postítulo en Educación Rural que ya se está desarrollando en distintas provincias. Si bien no se exige como requisito a los docentes que empiezan a trabajar en un establecimiento de esta modalidad, sí deben cursarlo los maestros y profesores de todas las escuelas incorporadas al Proyecto de Mejoramiento de la Educación Rural – Promer.

El programa del Postítulo Nacional en Educación Rural incluye la didáctica en Matemática, Ciencias Naturales, Sociales y Lengua, seminarios de profundización intensivo, un módulo de alfabetización y un módulo de educación en contextos rurales, que propone mirar el contexto, analizar las particularidades del espacio social.

Se prevé una duración de dos años, con una modalidad de cursada que contempla un encuentro inicial y uno final provincial, y en el medio encuentros mensuales que reúnen a maestros de distintas escuelas rurales agrupadas por pertenecer a una misma zona. Y entre encuentro y encuentro los maestros tienen que llevar a la práctica en el aula una propuesta con estos criterios de trabajo en las áreas en el plurigrado.

A su vez, algunos Institutos de Formación Docente empezaron a incluir, debido a la demanda que tenían por estar ubicado en zonas rurales o cercanas a éstas, distintas opciones para preparar a los futuros docentes a trabajar en establecimientos de estas características. Las alternativas más frecuentes son la incorporación de una orientación específica o la inclusión en todos los espacios curriculares que transitan los futuros docentes consideraciones para la modalidad de educación rural.

“Por su puesto que ayuda contar con saberes específicos, pero es casi un clásico que el primer pensamiento que se nos pase por la cabeza a los maestros que debutamos en una escuela rural sea: ‘¿Y ahora qué hago con esto?’, cuando entramos al aula y nos encontramos con alumnos de edades todas diferentes”, confesó la directora cordobesa Sandra González, pero se apuró a agregar que “es una situación que se supera rápido”.

Muy parecida fue la vivencia de la maestra rural correntina, Analía Machado, quien resaltó que “el vínculo que se establece enseguida con cada alumno y con su historia, con cada familia y con la comunidad, incluso con otros maestros de escuelas rurales de la zona hacen olvidar aquélla desorientación inicial, y hacen que se sienta rápidamente que el aislamiento es relativo, porque se establecen y construyen relaciones mucho más cercanas que las que son posibles en las grandes escuelas urbanas”.

¿Cuándo es ruralidad?

La definición que se toma para la producción de estadísticas educativas reconoce como escuelas rurales a aquellas que están “ubicadas en entornos alejados del mosaico principal de una localidad”, en un espacio geográfico con “reducida oferta de servicios públicos y limitados medios de acceso, entre otras características.

Con un poco más de detalles, la definición operativa incorpora a la modalidad rural a las escuelas ubicadas “a más de 1 kilómetro del borde del mosaico principal de la localidad y cuya área de influencia de 1.000 metros esté compuesta de parcelas rurales, zonas naturales (montaña, bañado, cauce de ríos) o manzanas construidas aisladas.”

Para entrar en esta categoría deben además cumplir con el criterio pedagógico de tener habilitación legal para implementar sistemas alternativos de organización institucional a fin de asegurar la trayectoria de sus alumnos, contar con agrupaciones de estudiantes en plurigrados, pluriaños, etc., así como con modelos de organizaciones de escuelas nucleadas o agrupadas.

El Promer en cifras

El Proyecto de Mejoramiento de la Educación Rural (Promer), que se ejecuta a partir de Convenios Bilaterales celebrados entre el Ministerio de Educación de la Nación y las autoridades provinciales, con un préstamo otorgado por el Banco Mundial, respaldar la política del gobierno nacional para mejorar la cobertura, eficiencia y calidad del sistema educativo, fortaleciendo los establecimientos de la modalidad rural.

Para lograr su objetivo el Promer aporta, entre otras acciones, los recursos para la implementación de las líneas estratégicas planteadas por el Ministerio de Educación para las escuelas del ámbito rural, que buscan garantizar que todos los niños y jóvenes cumplan los años de escolaridad obligatoria.

• Entre el año 2007 y el 2010, el Promer invirtió cerca de $227 millones en infraestructura escolar, provisión de equipamiento, capacitaciones y formación docente, proyectos institucionales de desarrollo local, etc.
• En 2008 el programa realizó una primera campaña de distribución de materiales e inversión, destinando un presupuesto cercano a los 42 millones de pesos.
• En 2010 se llevó adelante la segunda campaña con un inversión de unos 60 millones de pesos.
• En 2009 se realizaron también transferencias a las escuelas incluidas en el programa por 35 millones de pesos.
• Desde 2008, el proyecto ha invertido más de 20 millones de pesos en acciones de infraestructura escolar.

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Escuelas rurales 2
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