Un documental sobre la vida del último Premio Nóbel argentino: César Milstein, se estrena el 11 de marzo. Su sobrina nieta, Ana Fraile, conectó la palabra y acción del científico, en un proyecto que contó en un 40 % con la financiación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
“La ciencia tiene la fascinación de la aventura porque, por encima de todo, es una exploración hacia lo desconocido”, dijo alguna vez César Milstein, el último Premio Nóbel argentino que invitó, con su estilo aventurero, a pensar una nueva concepción de la figura del científico, alejada de la rutina del laboratorio y más emparentada con la adrenalina y la creatividad que toda investigación supone.
Con el objetivo de mantener viva esta propuesta en el tiempo, la sobrina nieta de Milstein, Ana Fraile, le dio forma a un proyecto que ya venía gestándose en su cabeza desde hacía tiempo: una película.
Así nació “Un Fueguito”, el documental que narra la vida de su tío abuelo y que se estrenará el 11 de marzo próximo.
Fraile trabajó en conjunto con Lucas Scavino –editor y guionista de la película- para entrelazar las anécdotas, entrevistas, imágenes y recuerdos que contribuyeron a recrear la historia de Milstein y compartirla.
Es que uno de los principales objetivos de la propuesta –explican ambos- es contagiar el espíritu aventurero del Nóbel y demostrar en qué medida la ciencia se roza con el arte, la aventura y la vida misma.
La idea de realizar una película “sobre ciencia y arte; sobre la importancia de la investigación y de la creatividad” –en palabras de Fraile- se gestó, en un principio, entre Milstein y su sobrina nieta.
Sin embargo, a causa de varios factores, –entre ellos la crisis de 2001 y la muerte del científico en marzo de 2002- el proyecto se estancó.
Afortunadamente, la obra recibió apoyo logístico y financiero desde diferentes instituciones y pudo ser difundida gracias a la ayuda de Celia, la esposa de Milstein.
Es que antes de su estreno en la Argentina, el documental fue exhibido en los auditorios de las universidades de Cambrigde y Oxford y también en Wellcome Trust, en Londres.
Posteriormente, la obra -declarada de Interés Nacional por la Secretaría de la Presidencia de la Nación Argentina- fue financiada en un 40 % por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, presidido por Lino Barañao.
También colaboraron la Fundación para el Desarrollo Tecnológico (FUDETEC), el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, la Fundación Instituto Leloir, la Fundación YPF, Celia Milstein y los profesores Herman Waldmann y Gregory Winter.
Milstein nació en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, en 1927.
A los 25 años se recibió de químico en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y cinco años después fue nombrado por concurso en el Instituto Nacional de Microbiología Carlos Malbrán.
Más tarde fue becado por el British Council para desempeñarse en el laboratorio que dirigía Frederick Sanger –también Premio Nóbel-, el Medical Center Research, en Cambridge y más tarde regresó al país para ser director del departamento de Biología Molecular del Instituto Malbrán.
En 1961, de nuevo en Europa, realizó importantes investigaciones que revolucionaron el campo de la biotecnología. Unos 22 años después, Milstein fue nombrado jefe y director de la división de Química de Proteínas y Ácidos Nucleicos del laboratorio de biología molecular del Consejo de Investigaciones Médicas en Inglaterra.
Un año más tarde, en 1984, recibió el Premio Nóbel en la categoría de Medicina y Farmacología por sus teorías relacionadas con la “especificidad en el desarrollo y control del sistema inmunológico”, y el descubrimiento de la técnica para producir anticuerpos monoclonales a gran escala.
El 24 de marzo de 2002 falleció a causa de una enfermedad cardíaca.
Pregunta por pregunta
¿Cómo se gestó el proyecto?
-Surgió con César en el 2000, cuando me gradué de la escuela de cine y televisión en San Antonio de los Baños, en Cuba, después de lo cual fui a visitarlo y bueno… con el entusiasmo de haber terminado la carrera y demás, él me propuso hacer una película en conjunto. Encontrar fondos y encararla.
En el 2001 empezamos a hablar, a escribirnos muchas cartas, y decidimos que el tema sería la ciencia y los problemas que se enfrentaba un científico, lo mismo que un artista. El espíritu aventurero, la falta de libertad, eran los ejes.
Vino al país en el 2001 y marzo del 2002 murió, así que todo quedó guardado en un cajón.
¿Qué participación tuvo la viuda de Milstein en el proyecto?
-En febrero de 2004 fui a visitar a mi tía abuela Celia y le propuse retomar el trabajo, pero esta vez no tanto en torno de la comparación entre un artista y un científico, sino sobre César.
Hicimos entrevistas y ella realizò los primeros aportes para el documental. Fue la principal financista del proyecto. Volví en el 2004, le mostré el material a Lucas Schiavino, editor y guionista, y con unas películas super 8 de viajes y además fotografías que encontramos de César empezamos a trabajar.
Hacia el 2006, Celia y el laboratorio para el que trabajaba César decidieron apoyar la filmación, ella sobre todo nos hizo los aportes para poder ir a Inglaterra dos meses, mientras que el laboratorio nos dio el archivo y la entrada al lugar para ver a todos los científicos.
¿Cómo entra en escena el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación?
-Viajé también a EE.UU. a entrevistar a otros colegas de César y en Italia me encontré con Oscar Burrone, que es un científico argentino radicado allá, que es muy allegado al ministro Lino Barañao, y así fue como me sugirió que, cuando llegase a Argentina, fuera a verlo.
Cuando tuvimos un primer corte del documental se lo mostré a Lino y faltaba filmar escenas, como las de niños en una escuela de ciencia, que aunque no está más, la necesitábamos. Y la Agencia junto con Secyt colaboraron para que pudiéramos ir a filmar a un laboratorio escuela de Solano, en el que estuvo César Milstein, donde nenes de 6/7 años hacen ciencia.
¿Cómo se refleja en el desarrollo del filme la idea de que sin aventura no hay ciencia?
-Desde un principio nos planteamos hacer una película de aventuras sobre ciencia como forma narrativa. El material que había acumulado César en Súper 8 era esencialmente aventurero: subía montañas, navegaba ríos, era muy curioso pero lo expresaba físicamente. Aprovechamos todo esto en gran medida para juntarlo con lo que iba registrando en los viajes a Inglaterra para entrevistar a científicos.
Editar y guionar es la cara y contracara de organizar un relato.
Apelamos a un público más que nada curioso, condición generalmente más exacerbada en jóvenes y en niños, César fue un claro ejemplo de ello.
Vamos a regalar la película a escuelas secundarias en 4° y 5° años y a los de primer año de la universidad pública, Se nos ocurrió con Celia incentivar a los jóvenes, pensando más en la realidad en Inglaterra, donde los científicos nos contaban que los jóvenes no querían estudiar más ciencias. Lo veían como ingresar en una carrera profesional de diferentes obstáculos que van saltando y creciendo hasta culminar en la gerencia general de una industria.
No veíamos que estuviera en ellos el mismo espíritu que veíamos en César y en nosotros mismos
Hay una fundación que se llama Fundatec y fue la que concretó los aportes más importantes en la Argentina para poder posproducirla. Así terminamos con el primer corte.
Y luego cuando Lino fue nombrado ministro volví a tener una charla con él y le pregunté si podría contar con un apoyo más fuerte para el documental, porque me parecía que era más importante terminarlo bien como película.
Así fue como prácticamente el 40 % de los aportes provino del Ministerio. Para completar lo que faltaba, en Inglaterra, y también en Estados Unidos, algunas empresas pusieron más dinero para que lo pudiéramos terminar.
Una vez concluido en octubre del año pasado fuimos con el editor a Londres para presentarlo en Oxford y en Cambridge y ahí detectamos la emoción de los que miraban por convivir con la aventura que se va narrando.
Se emocionaron quienes lo conocían pero otros se entusiasmaron con lo que hacía.
En Londres hubo un contacto más amplio, ya que tocó al mundo de la cultura en general, que recorrió distintas emociones: divertirse, enojarse, entender.
¿La inspiración del título?
-Cuando murió César durante el funeral todos enviábamos palabras, en tocó representar a la familia, y no sabía qué decir hasta que encontré un cuento de Galeano, que se llama Un mar de fueguitos, que sintetizaba mi sentimiento hacia César. Dice que hay fueguitos que están medio apagados, otros que están más vivos, otros que están contentos, tristes, pero que finalmente existen los que encienden a otros. Siempre quedó esa idea y fue reflejada en la película. A Celia también se le encendió porque estaba muy triste por la muerte del esposo.
La película la ayudó a recordar y a revivir cosas, pero desde un lugar muy productivo y gracias a ella pudimos terminarlo.
¿Por qué esta historia fue contada en lenguaje cinematográfico y no a través de un libro…?
-César es una persona muy cinematográfica porque genera imagen y contagia emociones con la acción: al escucharlo hablar y al verlo hacer.
Hemos recogido registros del propio César: de su forma de vivir y de experimentar, de viajar y de conocer, es muy estimulante ver todo ese material fílmico de sus viajes. Tuvimos a disposición 150 horas de material para una película que dura 68 minutos. Quedaron 10 películas afuera de la que hicimos.
Además hay una riqueza de idiomas, porque lo rodea gente de todo el mundo. Todos tienen acentos distintos y el propio César habla con acentos distintos. Hablaba español raro e inglés con un acento especial, y eso era medio intraducible de otro modo que no fuese audiovisual.
¿Abre otros proyectos éste en torno de Milstein?
-Hace un par de años presentamos un proyecto al canal Encuentro y entre los Ministerios de Educación y el de Ciencia aportarán para hacer una serie sobre Milstein. En virtud de que hay tanto material les propusimos hacer una película un poco más extensa y dividirla en ocho capítulos.
En realidad estamos esperando que se concrete para empezar a trabajar. Es difícil procesar material científico porque tiende a ser encriptado y cuesta que explicar lo que hay para contar. Esto nos encendió una chispa para seguir intentando aprovechar esa vía y no sólo sobre César.
Las aventuras de la ciencia inspiran distintos caminos de investigación. Por ejemplo nos han dicho que el Evatest se originó en un descubrimiento de César, lo mismo que saber el grupo sanguíneo de cada uno.
Los científicos se emocionan mucho cuando obtienen resultados. Lo que muestran tal vez es una tabla con números, pero no el significado. A través de la investigación científica se genera una forma muy creativa de ver el mundo, lo cual la acerca muchísimo al arte.